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Cartas desde Borderland - Carta 2: De la palabra felicidad y su inevitable conflicto.

Cartas desde Borderland 
Carta 2: De la palabra felicidad y su inevitable conflicto.
(O, de por qué Ser no es Existir).

Imagen sacada de Pixabay.

Gran parte de nuestros baches emocionales están fuertemente relacionados con las asociaciones tóxicas que creamos en nuestras mentes, normalmente derivadas de aprendizajes erróneos y de la influencia de esa parte controladora y dañina que revolotea en la cultura general, afectada aún por principios arcaicos disfrazados de modales y buenas maneras. 


Nuestro lenguaje ayuda a configurar nuestros pensamientos, y hacer que las asociaciones tóxicas se desvanezcan de nuestro repertorio cotidiano no es fácil, pero es más que necesario trabajar en ellas para liberarnos de las ataduras que suponen “pensar mal”. Un buen ejemplo para entender de qué hablamos cuando etiquetamos una asociación como errónea o tóxica es el siguiente cliché: “La procesión va por dentro”, es decir, expresar lo que sentimos está mal, lo bueno es envenenarnos con ello. Y yo grito ¡¿Qué?! ¿Cómo es esto posible? ¿Qué ha ocurrido para imponernos una creencia así? Si desglosamos este pensamiento veremos que estamos asociando dos conceptos que no tienen relación directa.

Sentir tristeza o dolor y mostrarlo = Debilidad.

O, lo que es lo mismo, estar triste es ser débil.

Y, claro, al traste con el equilibrio y con la mayor parte de mis textos de psicología de la universidad…

Por desgracia, hallamos en este mundo una tormenta de hipocresías e imposiciones que se alzan como lo normal y lo bueno (normal = bueno; otra asociación fallida), como aquello que debe ser sin someterse a duda. Así, para las mentes menos sumisas, esto puede traducirse fácilmente como resignación, indefensión aprendida, frustración y finalmente infelicidad; enormes vacíos que en ocasiones tendemos a llenar de vicios, por si la rueda a la que nos someten cada día, como roedores bien domesticados, no fuera esclavitud suficiente. 

Hablamos mucho de alcanzar la felicidad como meta principal en la vida. Pero son pocos los pasos que damos hasta ella, en demasiadas ocasiones porque ni siquiera sabemos qué queremos decir con “ser feliz”.

Lo cierto es que este concepto no parece haber sido sencillo de definir desde ninguna vertiente de estudio actual o pasado. Desde la biología, la psicología, las religiones o la filosofía, hasta las diferencias culturales que acontecen, la verdad sobre su semántica parece difusa y, por supuesto, completamente subjetiva. No obstante, es posible ver un fallo en el patrón de nuestras creencias. Este error, transportado en el bagaje cultural, plantea que felicidad es sinónimo de alegría, euforia, contento… Y, en primera instancia, sí pueden ser sinónimos, pero los sinónimos son vocablos similares o afines, no idénticos. 
Haciendo una breve compilación entre el origen y un sinfín de definiciones, me ha quedado claro que ser feliz no estar alegre, eufórico o contento todo el tiempo. Esto es un engaño, un imposible que no tiene sentido en el transcurso de una vida. Ser feliz es más cercano a estar en paz con uno mismo, con la esencia personal. Olvidar al personaje que representamos en nuestro día a día y acercarnos a la persona que somos en nuestro interior. Pasar de existir a ser en equilibrio, como un aprendizaje más en nuestros días. 

Respetar al mundo mientras te respetas a ti...

P.D.: Existir como ser vivo podría limitarte a las funciones básicas de cualquier especie: comer, dormir, respirar,… Encuentra quién eres más allá de tu mera existencia, lucha por el auténtico espíritu que puja por salir de ti. Quizás temas ser diferente y no encajar, pero deberías temer aún más encajar y no ser quien eres. Puedes creerme cuando te digo que hablo desde la experiencia, ser un actor más en un teatro saturado de máscaras no será lo que te haga feliz. Abraza tus rarezas y déjate ser. 

Be water, my friend :) 
Corina Morera
desde Borderland;
enero 2017.

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